
Súbitamente, desde las olas de la terminada luz del anochecer, surgen entre los dedos de mis pies que apenas y tocan el agua, que remuevo entre millones de partículas minerales y milenarias, en donde la tendencia de mecerlos cada vez es más densa y pausada. Se filtran entre las uñas sangres ahogadas, pensamientos hundidos de planetas, ruinas de bahía, semen oceánico que penetran cada ves mas mi lejana figura, formando en la arena una especie de resto perdido, en el cual cada ves palpita una distancia que se expande siempre y nos hace aun mas insignificantes. Y mientras, todo late, todo se viene como si un cántaro de agua cayera sobre una pintura aun sin secar, se mezclan los ojos y el corazón; por consecuente forman un recuerdo suspendido en el mar, un alción solo, con las alas desparpajadas y siderales que vuela árido los sueños de un fantasma y que hace un nido en medio de la nada.
La estela de ceniza de sus holguras viaja hasta entrar por mis fosas nasales. Frío húmedo y seco irrumpe furioso el perfume de lo inmenso, inflama los pulmones de brisa y niebla nocturna que desatranca cualquier puerta del adentro. Como patada celeste, como un infarto astral, como un derrame divino, como la inexistencia de un dios digerido día a día, mientras la luna llora y se apaga el mundo donde cada momento se retuerce entre el drenaje de la vida, en las miasmas de las palabras, en las calles, el sexo, del todo poderoso, del incesto, la miel, la infancia, el vino, el desecho que nos dio el placer del cuerpo que nos glorifico haciéndonos creer etéreos, como ahora, que miro el desemboque del hedor de la existencia, un verdadero dios salvaje siniestro y poderoso que inconscientemente mata, atrae la muerte y donde nace el sol.
La estela de ceniza de sus holguras viaja hasta entrar por mis fosas nasales. Frío húmedo y seco irrumpe furioso el perfume de lo inmenso, inflama los pulmones de brisa y niebla nocturna que desatranca cualquier puerta del adentro. Como patada celeste, como un infarto astral, como un derrame divino, como la inexistencia de un dios digerido día a día, mientras la luna llora y se apaga el mundo donde cada momento se retuerce entre el drenaje de la vida, en las miasmas de las palabras, en las calles, el sexo, del todo poderoso, del incesto, la miel, la infancia, el vino, el desecho que nos dio el placer del cuerpo que nos glorifico haciéndonos creer etéreos, como ahora, que miro el desemboque del hedor de la existencia, un verdadero dios salvaje siniestro y poderoso que inconscientemente mata, atrae la muerte y donde nace el sol.